Mes: enero 2016

Las SICAV y su “deslocalización”

Actualmente, los rendimientos de capital, intereses, dividendos… tributan al 21%, frente a la tributación de las demás rentas, fundamentalmente rendimientos del trabajo, que tributan a un escala progresiva. Mientras tanto,las grandes fortunas tributan al 1% mediante el instrumento de las SICAV por la no aplicación de medidas y reformas en este ámbito por miedo principalmente a la “deslocalización”. Por mi parte, prefiero aprovechar los precios actuales del oro para invertir en algunas que otras monedas 🙂

Para tener una opinión fundada sobre este tema es imprescindible conocer qué es teóricamente una SICAV, para qué se utiliza en la práctica y qué importancia económica tiene. Una SICAV, sociedad de inversión de capital variable, es una Institución de Inversión Colectiva, cuya finalidad es la inversión en los mercados financieros. Tiene requisitos mínimos de capital y, sobre todo, debe contar con 100 inversores como mínimo, de ahí que deba ser colectiva. Por esa razón, goza del régimen de instituciones de inversión colectiva: tributación al 1% y después al 21%,25% y 27% sobre los dividendos o ganancias de capital cuando el inversor retira el dinero. Este es el mismo régimen fiscal de cualquier fondo de inversión. El fundamento de que cualquier institución de inversión colectiva tribute al 1% es que es un vehículo neutro de inversión, en el que el inversor pierde el control de su dinero hasta que desinvierte o recibe un dividendo y, en ese momento, tributa como si hubiese vendido los productos financieros que adquirió a través del fondo.

Sin embargo, si un solo inversor tiene el control total del fondo, este ya no es una institución de inversión colectiva, y el inversor nunca pierde el control sobre su dinero. Hasta aquí la teoría. En la práctica, las SICAV se utilizan exclusivamente para la gestión individual de carteras de grandes patrimonios. En este momento hay más de 3.300 SICAV en España, con un patrimonio bajo gestión de más de 27.000 millones de euros.

La pregunta inmediata es: ¿cómo se transforma una institución de inversión colectiva en gestión individual de carteras?. La respuesta es sencilla: introduciendo 100 inversores, que realmente no invierten; teniendo el control absoluto una sola persona o, como mucho, un grupo familiar. En el argot financiero se conocen como “mariachis” o “palmeros”. En mi opinión lo más grave no es la tributación al 1%, sino los medios por los que se consigue. No es de recibo que en España, un país que busca la equidad en todos sus ámbitos, los beneficios tributarios se consigan contratando inversores ficticios, lo que en otros ámbitos se denomina “testaferros”.

Para solucionar este tema hay que tener presente que la localización de SICAV en España no garantiza que inviertan sus recursos en España. Las SICAV invierten en diversos mercados, ya que hay libertad de circulación de capitales. Si lo que conocen las grandes fortunas es el mercado español, seguirán invirtiendo aquí, aunque sea desde otras plataformas. Además, deslocalizar no es fácil ni barato y, en cualquier caso, no está exento de riesgos. Además, aunque alguna se deslocalice, no se perderá una gran recaudación.

En conclusión, dar un tratamiento fiscal más razonable a las SICAV no permitirá obtener una recaudación ingente que pueda solucionar la situación fiscal, pero sí permitirá que exista una mayor conciencia tributaria de los ciudadanos, lo que es imprescindible para luchar contra un elemento que parece estar detrás de la gran caída recaudatoria: el fraude fiscal.